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No es exagerado decir que la presentación de Motor Animal, el álbum que vio la luz el 11 de agosto, fue un éxito. Aunque quizás, decirlo de esa manera, pareciera que se cumplió con la expectativa y ya. Pero no fue así.
Cada vez que Sueño de Pescado se presenta en vivo, se genera una especie de ritual que comienza desde temprano. Es una de las bandas que más trapos lleva en cada uno de sus shows.
A veces suele asociarse el rock con “todo tiempo pasado fue mejor”. Incluso se llega a decir que “las bandas actuales ya no generan lo mismo que pasaba hace 20, 30 años atrás”. Sin lugar a dudas, quien pueda llegar a sostener tales dichos, es porque nunca vio a Sueño en vivo.
Las noches de primavera ya comienzan a sentirse anticipadamente. Las calles aledañas al Teatro Flores se llenaron desde temprano este viernes pasado. Autos con la música a todo volumen, micros llegando desde distintos lugares del país, así como de países vecinos.
William Morris, Morón, San Cristóbal, Caballito, Colegiales, Uruguay, Ensenada, Temperley, Campana, Gerli, Florida, Villa Sarmiento, Claypole, La Pampa, La Plata: Tan sólo algunos de los puntos desde los cuales los fieles seguidores de la banda fueron a escuchar, cantar y vivir la presentación de este nuevo álbum.
“Somos otra especie de familia” es uno de las frases más repetidas siempre, tanto por la banda como por su público. La cofradía. La hermandad. La amistad. El respeto. El aguante. Eso –y más- es lo que genera Sueño de Pescado.
Pasó la presentación de un disco, que más allá de lo técnica y estrictamente musical, conlleva un sinfín de sentimientos, emociones, recuerdos. Un volver a sentir cerca a Juan Manuel Calabró, Guachi, guitarrista fundador de Sueño.
Resulta paradójico. El golpe anímico y la pérdida, tan sólo física, de un integrante de la banda, hizo que Sueño tomara impulso y se fortalezca a tal punto, que Motor Animal, es una dedicatoria de principio a fin a su amigo, corazón de Sueño.
Manu, El Gato, Lucho y Tobías. Las caras visibles detrás de un montón de personas que trabajan incansablemente para que esta banda, oriunda de La Plata, crezca cada día más.
A las 21.20 horas, mientras el público pedía mediante canciones el comienzo del show, se dio inicio al mismo, con la canción que abre y le da nombre al disco: Motor Animal.
Sería el comienzo de una gran y larga noche. Le siguió “Mareado”, en orden con el nuevo material de la banda. La forma en que Manu, y toda la banda, hacen de un temazo, una letra que, al analizarla, es una emoción que va directo al pecho.
Fueron incontables las veces al mirar para abajo, en el tumulto de un Flores a sala llena, florecían los abrazos y las lágrimas.
“Rock sin vuelo”, “Fantasmas” y “Almas en pena” eran las canciones que siguieron, para darle paso a “Vida bandida”: “No hay tiempo, no hay duelo que emparche este cuerpo. Mi vida bandida, te abraza y te cuida, no existen partidas, ganadas, perdidas”.
“Floresta” es de esas canciones, que desde que salió La Palabra, el precedente álbum al presentado en esta ocasión, no puede faltar en las listas de temas que suenan en vivo.
La noche seguía. El calor en el Teatro hacía que las barras explotaran. Niños y niñas agitando, con las remeras de Sueño de Pescado, en los hombros de sus padres. “Mi cielo te dejé”, “Barcos hundidos”, “Perdido y Ausente” tuvieron su lugar, también en aquella noche.
La alegría así como la carga emotiva se irradiaba desde arriba del escenario. Las palabras de Manu, más allá de su música, que, siempre precisas, nunca faltan en cada show.
Como no podía ser de otra manera, la banda se manifestó respecto de lo que pasó, en la noche anterior –del día jueves-, en nuestro país. El atentado a la democracia, los cantos de todas las personas presentes y los aplausos agradeciendo a la banda que hizo mención a semejante atrocidad que atravesó la Argentina.
El fenómeno que significa las bandas nacidas en La Plata como movimiento social y cultural es algo que merece ser celebrado. Sueño ya hace años que traspasó todo tipo de obstáculos, fronteras, impedimentos. Incluso, que más allá de los golpes, pudo seguir. Y que, como dije anteriormente, no sólo eso: está cada vez mejor.
“Nube negra”, “Hombre engranaje” y “Los barrios más perdidos” hacían que esta presentación llegara, por suerte, tan sólo a la mitad de su recorrido. La espera de este nuevo álbum apareció, efectivamente, allá por marzo, en el concierto brindado –también- en el Teatro Flores que tuvo la banda, donde anunciaron que, a mitad de año, llegaría Motor Animal.
La combinación de canciones entremezcladas entre las nuevas, y las ya conocidas hace mucho tiempo, parecieron no haber sido elegidas porque sí. La noche apuntó a tener un orden tan especial como imponente. “Riña de gallos”, “Volverte a ver”, “Mil pasos”, “Bicicletas” y “Pude”, fueron las elegidas para seguir y darle pie a “Carcelero”.
Faltaban las últimas seis canciones de la jornada. “Volvé”, que pertenece al último álbum, fue un desenfreno de pura emoción. Y denotó que, más allá de la tristeza, la unión y la música, salvan. “Los años ligeros”, una de las canciones que más recuerdan a Guachi, “Probaste un buen dolor”, “Todo se va”, “Las verdades” y “No llores más” daban fin a una gran, pero gran noche.
Un recital tan emotivo como sentimental, pero de festejo al mismo tiempo. Un nuevo álbum que traspasa todas las almas de quienes lo escuchan, pero que mantiene más que viva la magia del rock intacta. Una banda que, aun padeciendo los golpes más duros, da batalla, revancha y sigue apostando a su mejor versión. Un público que aguanta, respeta, agita y siempre está presente. Todo eso y más es Sueño de Pescado.
Fotos: @irishsuarez