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Winona Riders se presentó por primera vez en Obras Sanitarias
El viernes en el estadio de Núñez, se vivió no solo una noche de rock y psicodelia, sino también una jornada histórica para la música argentina. Winona Riders, la banda nacida en el oeste bonaerense hace muy pocos años, tuvo su bautismo en el Templo del Rock. No solo demostraron que hacen realmente lo que quieren (tocaron 4 horas 15 minutos), sino que también son el pilar fundamental y la cabeza de lanza de una generación, quieran o no hacerse cargo de esa chapa. En muy poco tiempo se movieron como quisieron y forjaron una autenticidad única, digna de destacar. Entran y salen del “mainstream” como quieren. Tocaron en grandes festivales y al mismo tiempo para 50 personas en los mismos antros donde se forjaron y donde nacieron. No se traicionan y sobre todo no traicionan a su público, y eso está claro. La gente banca a Winona por todo lo antes mencionado, y al mismo tiempo, los bancará siempre, son el presente y son parte del futuro, pese a quien le pese.
La música y sobre todo el rock son arte, pero a veces, también significa resistencia, es política y también muchas veces es jugársela por los valores en los que uno cree. W.R es así. Muchos los tildan de arrogantes y puede ser, saben jugar el juego como si tuvieran 70 años en esto.
En vivo, Ariel Mirabal Nigrelli maneja los hilos. Además de cantar la mayoría de los temas, su figura enigmática y profunda es una de las claves en la imagen y en la música de Winona. Su ubicación tan particular en la punta del escenario es fundamental, le aporta muchos matices a la banda. Puede cantar, frasear o gritar. Todas esas cosas las hace con convicción, y sobre todo con corazón.
Ricky Morales casi podría ser el antagonista de una novela en la otra punta del escenario. Seco, parco y filoso con su guitarra es “el jugador” fundamental. Es ese enganche de equipo de fútbol que pone la pelota en cortada y te deja de cara al gol, ya sea comenzando una canción con un riff o zapando post solo de viola en la antesala de un último estribillo. Juntos son pura tensión, energía y calma, todo junto, y así, nace el caos de W.R.
Francisco Cirillo en la bata, es la columna vertebral. Si tenés un mal baterista, tenés una mala banda, si lo tenés a Fran, que encima compone y canta, ya arrancás ganando por goleada.
Santiago Vidiri es esa base que toda banda necesita en un bajo. Profundo y calmo construye un colchón sonoro donde reposa en muchos momentos la música de los Raiders.
En el centro está Gabi Torres Carabajal, que con sus percusiones hipnóticas se convierte en una especie de chamán en trance con el cual la gente conecta en todo momento. Golpea la pandereta, gira, y vuelve a agitar la cabeza sin parar. Un show aparte. Espectacular.
El show de Obras celebró la discografía de Winona en su totalidad y tal vez puso un punto final a una etapa. Interpretaron todos sus discos e incluso el split con Black Market Karma. Fueron Cerca de 35 canciones donde muchas fueron respetadas y otras cambiaron de su versión original. Los casos más extremos se dieron durante “¿A qué Suena la Revolución?”, “Buscando una Nueva Sensación” y “El Último Té”, algunas de las piezas que interpretaron con la presencia de “El Sindicato del Drone”.
Un episodio particular en la noche (y fuera de lo normal) ocurrió durante la larga performance de “Dopamina”. Comenzaron a volar puños y gritos entre el público, ya que un ladrón había sido atrapado en medio del campo y estaba siendo golpeado. La banda paró para saber que estaba pasando. Rápidamente sacaron al punga, mientras a la vez una chica hacía volteretas en una ronda a pocos metros. Acto seguido Mirabal comenzó a cantar el estribillo a capella. Esta fue prácticamente la única interacción de la banda con el público en toda la noche. Algún que otro “gracias” y “buenas noches” nada mas, pero muy poca dialogo con el público. Ellos prefieren tocar y tocar, y no está mal, es una manera de plantar bandera. Casi no importa que pase fuera de la música, lo único que quieren es tocar. También sonaron “Revolver, “A.P.T (American Pro Trucker)” y “680/680”, todas ya clásicos. Después de eso, “Sacame el cuero”, “Hondart” y “Separados al nacer” fueron la bocanada de aire necesaria para poder tomar más envión hacia el final.
Si hasta ese entonces, las referencias del mundo que rodea a Winona Riders eran algo más que perceptibles, en su tramo final fueron ejecutadas de manera explícita. Primero, “No hagas que me arrepienta” citó versos de “Reverence”, de The Jesus and Mary Chain, más adelante, una extensa versión de “Antes de que el diablo llegue a casa” incorporó algo de “Loaded”, de Primal Scream, gracias al agregado de una sección de vientos. Y así, como en la presentación de su último disco, “V.V.” fue el tema de apertura, en la noche de Obras ofició de cierre, o mejor dicho “casi cierre”. Sobre el final tocaron “Joel”, una de las primeras canciones que compusieron.
El Show terminó apenas pasadas las 12 de la noche. Los fans de la primera época se fueron más que satisfechos con los visto, y los paracaidistas de siempre, de los cuales muchos se quedaron el patio cervecero escuchando a la banda, seguramente se fueron más que curiosos. Más de uno volvió a su casa y se puso a investigar más sobre Winona, eso seguro.
Pasó un obras colmado que quedará en el recuerdo. Para los de la primera hora, para los nuevos y para toda una generación que tiene mucho que decir y es obligación y necesidad hacerlo., Escucharlos y prestarles mucha atención es primordial, hoy y mañana, porque como dijo un gran músico argentino una vez, “En los nervios de estos jóvenes hay mucha más información del futuro que la de tipos de nuestra edad puedan tener para aconsejarlos”.