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Divididos festejó sus 35 años en el estadio de Vélez Sarfield con un espectacular show a puro rock del mejor. Fue, quizás la celebración más impresionante de un grupo argentino que se haya visto en el país.
La “aplanadora del rock and roll” brindó un concierto de tres horas lleno de música, invitados y mucho más.
Casi a las 10 de la noche las luces del Amalfitani se apagaron y el riff de Paisano de Hurlingham comenzó a sonar en la oscuridad. Cerca de 40.000 personas vieron como Ricardo Mollo y compañía irrumpían en el escenario para arrancar de manera muy caliente el recital. A Paisano…, le siguieron, Sábado, El 38, Cuadros colgados y Haciendo cosas raras, sin dudas una apertura demoledora para el público.
Un sonido espectacular y una puesta en escena digna de un show internacional hicieron que el evento estuviera a la altura de la celebración. “Quisimos hacer lo más parecido al Teatro (de Flores) esta noche para ustedes, quedamos muy contentos” dijo Mollo en un momento. Tanto él, como Catriel y Diego Arnedo estuvieron sonrientes todo el tiempo, desbordaban de alegría.
Los puntos altos de la noche fueron varios, no solo por la lista que incluyó temas que no tocaban hace tiempo, sino también por los invitados y algunos otros detalles.
Por ejemplo, la versión de ¿Que ves? con Gustavo Santaolalla fue un lujo total, al igual que Vientito del Tucumán con Nadia Larcher y Guanuqueando con Tres Mundos.
Nana Arguen acompañó al trio del oeste bonaerense en Sisters. La reconocida violera se despachó con un solaso honesto a su virtuosidad. Tremendo momento. Al igual que Leticia Lee, quien se subió para hacer Amapola del 66 y se comío el escenario de Vélez.
Otro instante para guardar en las retinas, fue cuando Ricardo Mollo regaló a todos los presentes una hermosísima versión de Spaghetti de rock. En un escenario pequeño, ubicado en la mitad de la cancha, solo y con su guitarra acústica colgada logró conmover a más de uno. Espectacular.
Pero el gran hito de la noche fue sin dudas las sorpresas que se guardaron para el final. Primero fue la participación de Chizzo Nápoli en Sobrio a las piñas. Vestido con un look muy Brian Johnson de ACDC (Boina y campera de cuero), el líder de la Renga se lució en un duelo de violas junto al ex Sumo.
Pero faltaba un poco más. “Vamos a dejarlos un ratito con unos amigos”. Mientras el Tete y Tanque se acomodaban, Chizzo tomó la posta y se dirigió al público. “Es un honor estar acá ferstejando los 35 años con estos monstruos y maestros, es una emoción muy grande para mi estar tocando con esta guitara SG que es la que me prestó Ricardo cuando grabamos Despedazado por mil partes así que estamos muy agradecidos por esta pequeña intromisión”. Y acto seguido el trio de Mataderos se adueño por unos momentos de la escena y volvieron a tocar en la ciudad de Buenos Aires después de 6 años y varias censuras en su haber. Hicieron El final es en donde partí. Un gesto descomunal y humilde de una banda como Divididos. Impresionante momento en Liniers. El estadio era una caldera y faltaba la canción final.
A solo unos días del aniversario del natalicio número 70 de Luca Prodan, decidieron cerrar la noche histórica con El ojo blindado, clásico de Sumo.
Soberbio show de La Aplanadora, para sacarse el sombrero y no parar de aplaudir. Privilegiados fuimos los que estuvimos en el Fortín la noche del Sábado.
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