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Bienvenidos a la Jungla

El sábado a la noche, Winona Riders se presentó en el “Teatro de Flores” con la excusa de mostrar en vivo su último material de estudio, “No hagas que me arrepienta”.

A comienzos de los 2000, Pity Álvarez escribía sobre los pibes del rock y decía “los chicos y chicas quieren rock”, y también se refería a “los chicos intoxicados por el R n´ R”. Bueno, un poco más de 20 años después, hoy, hay chicos que siguen intoxicándose por el rocanrol de la misma manera que antes, pero en este caso,  viendo  un show de Winona Riders, la mejor aparición de la década en la escena del rock argentino.

Los Riders, con su público, logran una simbiosis tan grande, que semejante cocktail tiende a ser dinamita  pura para sus presentaciones en  vivo. Se vuelven una banda “peligrosa”, y para una banda de rock eso es esencial.

Volátiles, impredecibles y explosivos, los Winona  dieron un recital brutal. Llenos de energía y adrenalina, tocaron 3 horas y además de repasar su último disco, ejecutaron gran parte de su repertorio perteneciente a sus dos trabajos anteriores.

Muy puntuales como habían avisado, comenzaron a las 20:30 hs. Se dispusieron como siempre. Con esa forma tan particular que tienen .Baterías enfrentadas (Fran Cirillo y Alan Mansur), teclados en el  fondo del escenario. Ariel Mirabal y Ricky Morales en los extremos, Santi Vidiri en el centro y Gaby Carabajal  (volvió el mameluco)  en el medio adelante. Comenzaron el set con “V.V”,  y el clima de movida ya era rabia en su máxima expresión, tanto desde el grupo, como de parte del público, que desde el minuto uno comenzó con mucho mosh y pogo.

“Dopamina”, “Hondart” y “Sacame el cuero” siguieron en la lista. Muy inteligente fue mechar un clásico de la banda con las canciones nuevas al principio de la lista. Más allá que la gente se sabía todas las letras y cantaban frenéticamente cada tema, la elección fue la acertada. Ariel Mirabal estaba prendido fuego junto a su Teardrop blanca. Gaby se sacudía sin parar. Ricky estiraba las cuerdas al límite, las batas sonaban sincronizadas y Santiago Vidiri tocaba todas las líneas de bajo donde iban, era una maquinita. Todo salía perfecto.

Con la intención de bajar un poco la intensidad ¿tal vez?, tocaron “Fiesta en el ascensor” y literalmente todo el Teatro se puso a bailar y a saltar. La canción más pop de “No hagas que me arrepienta” sonó fabulosa. Mención especial para el juego de luces. Un espectáculo a parte que logró  toda la noche climas íntimos y minimalistas. Mucha oscuridad y sensación de psicodelia constante. Todo encajaba a la perfección.

“Catalán”, “Joel” y “No hay nada más en mi” fueron las antecesoras a uno de los pogos más fuertes y desaforados de la jornada. “American Pro Trucker” y “680” (pegadas) fueron una verdadera locura. “Falsos Reyes” por Ricky Morales creó un clima casi irascible. “Falsos reyes nublan la vista, con cuentos que no tienen principio, nos mantienen distraídos” cantaban en la parte inferior y superior del Teatro. Tremenda. Si en la calle hacían 28,30 grados, adentro, la temperatura era mucho más elevada. El lugar era una caldera y los Riders lo sabían, seguían exprimiendo su repertorio.

Francisco Cirillo dejó unos minutos su lugar en la batería para cantar el tema que compuso en “NHQMA”, “Buscando amor”, hermosa versión y composición.

Los bronces (Saxo y trompeta) ya habían asomado en 680. Era el momento de “Penetrame”. Y la banda entera se lució. Momento muy alto de la noche. Se notó el ensayo, la preparación.

Después vinieron “Así que te gusta hacerte el Lou Reed?” y “Separados al nacer”. Con esta canción, el boliche de Flores se convirtió en una disco  al mejor estilo “Studio 54”.Esos sonidos procesados y efectos de sintetizadores pusieron otra vez a bailar a todo el mundo. Espectacular. “Abstinencia”, “Muerte a los W. R”, “Dorado y Púrpura” y “Resurrección” marcaban el clímax del show. El público no quería que se terminara. La banda tampoco. Parecían no sentir la intensidad de hasta ese momento 19 temas (largos, como nos tienen acostumbrados).

“Tiempo de Jazz”, “Rock de la Ganja”, “No hagas…” y “Riders” fueron los últimos temas”. Después de 3 horas, los de zona oeste se despedían de la gente luego de una presentación épica, que marcará un antes y un después para la banda. No será fácil olvidar uno de los mejores recitales del 2024 en suelo argentino hecho por una banda nacional.

Están en su mejor momento, Mirabal y Morales parecen ser tipos súper prolíficos para componer. A todos los Winona  les brotan esas ganas de llevarse puesto todo. Esa energía no se ve frecuentemente. Estos pibes son  diferentes, hay que disfrutarlos y  escucharlos, tiene mucho para decir. Estos sucesos, fenómenos y movimientos de expresión  no se ven todos los días y un concierto como el del Sábado en Flores, tampoco.



Autor:Marcelo Escobar @madaniesco

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