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“Decían que la banda no iba a durar, y duró, decían que la gente no los iba a ir a ver, y fueron, y decían que la gente era lo peor de la sociedad y se equivocaron. Todo eso decían los medios y los detractores de Patricio Rey cada vez que veían una ruta llena de miles de personas viajando para un recital, o cundo veían a miles de personas compartiendo una canción en bandera. A ellos, les molestaba las misas, les molestaba la devoción y el lenguaje, pero por sobre todo, les molestaba que existiera algo que no podían controlar”. Estas son algunas palabras del monólogo del Chino Laborde previo al primer tema de la Kermesse, el Viernes en el Teatro de Flores. Unos párrafos que calaron hondo en el público antes de comenzar a cantar “Un ángel para tu soledad”.
Tras “Un ángel”, la seguidilla con “Un poco de amor francés”, “¡Me matan limón!” y “Música para pastillas” dejó claro desde el comienzo que la gente iba a cantar todo. Después, “Fusilados por la Cruz Roja”, “Canción para naufragios” y “Preso en mi ciudad” sostuvieron la primera parte del show, hasta llegar a una emotiva “Juguetes perdidos”, que como siempre funcionó como uno de esos grandes puntos de encuentro. En el segundo bloque, la recuperación de “Semen Up” en versión Huracán 94 fue un guiño para los más fanáticos y para aquellos seguidores de las primeras épocas masivas, enseguida llegaron “Todo un palo”, “Roto y mal parado”, “El pibe de los astilleros”, “Rock para los dientes”, “Nadie es perfecto” y “Criminal Mambo”. Luego “Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina” y “La bestia pop” terminaron de armar una masa de pasión ricotera. Para el final, “Todo preso es político”, “Masacre en el puticlub” y “Ya nadie va a escuchar tu remera” prepararon el clima para el “Jijiji” final, donde el pogo volvió a ser un solo ritual.
La Kermesse Redonda no ocupa el lugar de Patricio Rey, pero sostiene ese cancionero con oficio y respeto, manteniendo vivo un legado que, evidentemente, sigue diciendo cosas y movilizando multitudes.